Maximiliano hernandez martinez

El general Maximiliano Hernández Martínez (1882-1966) se desempeñó como presidente de El Salvador de 1931 a 1944. Su régimen fue una dictadura estricta que reprimió un levantamiento liderado por los comunistas durante sus primeros días en el cargo. Promovió el crecimiento económico basado en la expansión de las grandes haciendas cafetaleras, beneficiando así a los terratenientes e iniciando vínculos entre los militares y la oligarquía.

Maximiliano Hernández Martínez, quien nació el 29 de octubre de 1882, ingresó al ejército de El Salvador a temprana edad. Adquirió experiencia en combate en la guerra de 1906 con Guatemala, estableciendo un sólido récord y ascendiendo a general de brigada en 1919. Durante gran parte de su carrera se desempeñó como profesor en la Academia Militar Salvadoreña.

Martínez llegó al poder en 1931 durante un año tumultuoso de maniobras políticas. Martínez, el único militar considerado candidato destacado a la presidencia en las elecciones de 1931, emergió como vicepresidente en una boleta encabezada por Arturo Araujo, un acaudalado terrateniente con aspiraciones de reforma. Sin embargo, luego de ganar las elecciones Araujo demostró ser un gobernante débil, incapaz de lidiar con los severos problemas resultantes de la depresión global, especialmente el bajo precio del café, el principal producto de exportación del país. En diciembre de 1931, un grupo de jóvenes oficiales del ejército derrocó a Araujo en un golpe militar. Martínez fue arrestado, aunque los jóvenes oficiales lo instalaron más tarde como presidente ya que según la constitución era el siguiente en la fila como vicepresidente. Estados Unidos se opuso vigorosamente al golpe, invocando el Tratado de Washington de 1923, por el cual los gobiernos de Centroamérica se habían comprometido a no otorgar reconocimiento diplomático a ningún régimen instalado por una revuelta armada. Si bien Estados Unidos no firmó el tratado, patrocinó la idea. Sin embargo, dado que esta revuelta ocurrió en un momento en que Estados Unidos se había comprometido a no intervenir militarmente en América Latina, el ejército salvadoreño sintió que podía resistir la presión de Washington.

En medio de las maniobras la situación cambió con el estallido de una revuelta agraria en la que campesinos descontentos buscaron apoderarse de la tierra. Los enfrentamientos estallaron en todo el interior de la nación y varios terratenientes fueron asesinados por turbas campesinas. Si bien la revuelta reflejó las condiciones de los campesinos, fue dirigida por comunistas declarados, entre ellos Agustín Farabundo Martí. El levantamiento alarmó a los terratenientes y los obligó a buscar apoyo militar. En el proceso, recurrieron al general Martínez, que era en gran parte mestizo nativo americano de origen pobre y poco en común con la élite. Martínez percibió su oportunidad y sofocó sin piedad la revuelta. El número de muertos en el levantamiento y la posterior represión fue muy alto.

Martínez pudo consolidar su posición con el nuevo apoyo de la oligarquía y orquestó cuidadosamente su propia elección. En años posteriores, Martínez amplió dos veces su mandato a través de convenciones constitucionales.

Un recluso que rara vez aparecía en público, Martínez era vegetariano, no bebía y un teósofo que creía en la reencarnación y se dedicaba a prácticas ocultas. El general celebró sesiones espiritistas en su casa y le gustaba recomendar agua coloreada para curar todos los males. Debido a sus creencias, fue citado diciendo que "Es un crimen mayor matar a una hormiga que a un hombre, porque cuando un hombre muere se reencarna, mientras que una hormiga muere para siempre".

El Salvador estuvo esencialmente en bancarrota durante la década de 1930, y como esto dejó poco dinero para proyectos gubernamentales, los esfuerzos de Martínez se basaron en gastos mínimos y fueron más modestos que los de los países vecinos. Martínez se negó a contratar nuevos préstamos en el extranjero, insistiendo en cambio en que su nación viva de sus recursos. En 1937 hizo instalar una placa en el Edificio del Congreso Nacional sobre su firma que decía: "Propongo ante la Nación que nunca consienta en incurrir en nuevas deudas". El gobierno de Martínez construyó una modesta red de caminos de tierra, varios edificios gubernamentales y algunas escuelas y hospitales. Martínez también lanzó un esfuerzo de distribución de tierras mediante el cual el gobierno dividió las tierras que poseía en pequeñas parcelas para ser transferidas a campesinos sin tierra. Su régimen compró varias propiedades para la división, sin embargo, dado que el gobierno tenía poco dinero, el programa avanzó lentamente y su efecto fue limitado.

El general mantuvo un estricto control personal de la nación mediante un extenso sistema de represión y espías. Su régimen se volvió más opresivo en sus últimos años, especialmente después de 1938. Los métodos policiales fueron duros. Entre sus "reformas" estaban las leyes que restablecían la pena de muerte para delitos como la rebelión. Una revuelta el 8 de mayo de 1944 provocó su dimisión. Después de eso, vivió en la oscuridad en el exilio en Honduras durante muchos años y murió allí en 1966.

El régimen de Martínez constituyó un importante vertiente en la política de El Salvador, marcando el control inicial de la nación por parte de los militares y el origen de la alianza entre militares y terratenientes que dominó la política en esa nación durante muchas décadas. El fallido levantamiento campesino que le permitió consolidar el poder también polarizó a su nación entre clases altas y bajas. Estos legados continuarían afectando la política de El Salvador durante décadas después de que Martínez abandonó el poder.

Otras lecturas

Para detalles de los primeros días del régimen de Martínez, ver Thomas P. Anderson, Matanza: El Salvador's Communist Revolt of 1932 (1971) y Kenneth J. Grieb, "Estados Unidos y el ascenso del general Maximiliano Hernández Martínez", en el Revista de estudios latinoamericanos (Londres, noviembre de 1971). No hay historias detalladas que cubran todo el régimen. □